En Moscú, el 13 de julio de 2001, Beijing fue elegida por el Comité Olímpico Internacional como sede de la 29ª edición de los Juegos Olímpicos.
Los especialistas en política internacional especulan sobre el carácter que en realidad tendrán estos juegos, si abrirán las puertas a la democratización de ese enorme país o constituirán la "apoteosis" de un régimen autoritario. Las noticias de los últimos meses dan cuenta de acontecimientos preocupantes, que incluyen una dura represión de grupos de activistas y abogados defensores de los derechos humanos. Existen muchas dudas sobre qué tipo de democracia se promete según declaraciones y documentos oficiales del régimen, advirtiéndose las dificultades por avanzar hacia una democratización real de China.
La Constitución del país, a través de la enmienda adoptada por su Legislatura, incluyó en 2004 la protección de los derechos humanos, la primera cita en tal sentido expresada en la carta magna desde que fuera promulgada en 1954. Resultaba evidente que se necesitaría tiempo hasta que la población gozara de los derechos en la vida real y existiera una aceptable concientización sobre los mismos.
El 16 de marzo de 2007 la Asamblea Popular Nacional, máximo órgano legislativo de China, aprobó la Ley de la Propiedad, que garantiza los mismos derechos a las propiedades públicas y privadas. Tres años antes, en marzo de 2004, la sesión plenaria de la Asamblea ya había reformado la Constitución de la Republica Popular China, incluyendo cláusulas explicitas que contemplan la propiedad privada. Los cambios proclamados aún con anterioridad a dicha enmienda, requerían la necesidad de promover el desarrollo económico y social del país, con especial atención en el régimen de sus recursos naturales y la protección del "ambiente ecológico".
No cabe duda de que la proyección actual del gigante chino tiene una enorme gravitación sobre el futuro de la humanidad en razón de su densidad poblacional, su geografía, el crecimiento económico exponencial que viene acelerando y su irrupción como potencia mundial en el orden político y económico, con un alto impacto en lo social, cultural y ambiental.
Lo que le pase a China, lo que suceda en China tiene, pues, una gran significación para la comunidad internacional y para los países occidentales en particular, tan distanciados y distantes de esa nación y del conocimiento real de sus problemáticas, de su enorme territorio y del ignoto país interior que en él habita.
Es notorio que el mundo global actual perfila cambios notables para el futuro de la humanidad, y las Olimpíadas son un motivo y una oportunidad para comprobar cuán lejos estamos todos de reconocernos e integrarnos en la diversidad de características, sistemas, organizaciones, costumbres, culturas y etnias que conforman al género humano.
Preocupa la calidad de vida de la población mundial, que ha descuidado principios y valores superiores que hacen posible el desarrollo humano y que a diario maltrata y dilapida sus recursos naturales en aras de un consumismo desenfrenado y superfluas apetencias personales de orden material.
El nuevo paradigma del convencionalismo ambiental, de una nueva ecología humana, impulsado por la mayor concientización y conocimiento de estas cuestiones, aparece aquí como reto y destino para el hombre posmoderno.
En este contexto, Beijing puede brindarnos importantes indicios sobre el estado de la cuestión y el grado de evolución o decaimiento alcanzados al respecto.
La candidatura china oficializada en Moscú establecía el compromiso de celebrar un evento "verde" que contribuyera a la protección del medio ambiente. Cabe señalar que la protección del ambiente, de la vida en sus múltiples manifestaciones, requiere de la vigencia y plena aplicación de los principios de política ambiental aceptados ya por la comunidad internacional y por los países, a través de numerosas cartas, convenciones, declaraciones y leyes, y de instituciones que consagran, asimismo, el derecho a la información y a la educación ambiental como instrumentos de la política y la gestión ambiental, y la participación ciudadana, que estatuye el derecho de toda persona a opinar en los procesos que se relacionen con la preservación y protección del ambiente.
El Comité Organizador de los Juegos (Bocog) publicó el logotipo de la "Olimpíada Verde" el 24 de septiembre de 2005 y posteriormente su Sistema de Gestión Ambiental obtuvo la certificación ISO.
A tono con la necesidad de informar e involucrar a la comunidad, el denominado equipo de Promoción "Olimpíada Verde, Acción Verde" realizó más de 200 conferencias en 15 distritos de la municipalidad de Beijing, con elevado número de participantes estudiantes de la ciudad. Los responsables del COI y de su Comisión de Deporte y Medio Ambiente, proyectaron a partir de allí una visión optimista sobre estos juegos y el logro de sus objetivos, que tendrá finalmente que demostrar sus alcances.
A fines de 2005 el Comité Organizador firmó un memorando de entendimiento con el PNUMA, por el que se acuerda una cooperación efectiva en el intercambio de información y la promoción de la protección ambiental.
El gobierno chino ahora se está esforzando en explicar que el aire de Beijing (una de las ciudades más contaminadas del mundo) no constituirá (como hoy está denunciado) un problema cuando se inicien los Juegos en agosto. Ni tampoco lo serán las tormentas de arena, o la escasez del agua. Empero, la pérdida de suelos, el "desordenamiento territorial", las crecientes crisis energéticas, la disminución de los bosques y el efecto devastador del cambio climático, constituyen una seria luz de alarma para la práctica de los Juegos.
Según la información disponible, en consonancia con sus anuncios de concretar en este decenio efectivas políticas de protección ambiental, China se dispone a limitar, durante el magno evento, la utilización de vehículos, incluso ordenando el cierre de las más diversas industrias contaminantes para obtener "un cielo azul". Se nos ocurre que sus autoridades creen que podrán decretar "la pureza del aire" -al menos por unas semanas - con tal de "no defraudar al mundo entero".
Es de esperar que los anuncios oficiales se compatibilicen con acciones reales y sostenidas en un ámbito de creciente participación, muy limitado en la actualidad, y que los pronósticos agoreros -que reconocen serio fundamento en evidencias y en noticias de fuentes confiables- puedan variar hacia formas mas aceptables de democracia, en las que las acciones y políticas ambientales insinuadas en esta ocasión, no aparezcan como un maquillaje circunstancial y oportunista para facilitar los Juegos. Que las mismas se traduzcan en efectivas políticas de protección y de desarrollo sostenible que ahora requiere y espera la comunidad internacional de ese grande país, en armonía con sus mayores compromisos para con el ambiente, la seguridad y la salud en el planeta.
Por Dino Bellorio Clabot
Director de la Carrera de Abogacía de la Universidad de Belgrano.